Sigan escribiendo nuevos relatos utópicos

By nottsexminer (Utopia  Uploaded by Oxyman) [CC-BY-SA-2.0

By nottsexminer (Utopia Uploaded by Oxyman) [CC-BY-SA-2.0

“La utopía se construye, no sólo se piensa, se diseña o se imagina.”

En tiempos de pensamiento plano y opciones únicas, cuándo el mercado manda y el único derecho que parece defenderse es el de la propiedad, he disfrutado muchísimo de la conferencia de José Tamayo sobre la utopíai   Comparto aquí las notas que tomé en la conferencia de este pensador valiente.

La conferencia se estructuró alrededor de tres ejes:

  1. destierro de la utopía del campo del saber
  2. utopía como rehabilitar la palabra y su contenido: alternativa, compromiso y construcción.
  3. Qué pueden aportar religión y ética a la utopía.

Qué pasa con la palabra utopía: El origen de la palabra viene del griego y puede leerse como “que no está en ningún lugar” pero también como “buen lugar”. Es palabra mobilizadora de energías del ser humano y transformadora de la realidad, porque expresa actitudes esperanzadas y positivas. La utopía se construye, no sólo se piensa, se diseña o se imagina. El problema de la utopía es hoy que ha sido descalificada. Emblema una vez de proyecto y futuro hoy sufre un proceso de descrédito.

Utopía es nadar contracorriente: en el siglo pasado, decir que alguien era un utópico era un elogio, el movimiento del 1968 puso la utopía en el centro de su propuesta de cambio social y cultural acuñando la famosa frase “seamos realistas pidamos lo imposible”.

Sin embargo hoy, en la primera mitad del siglo XXI, decirle a uno que es un utópico equivale a decirle que está en las nubes, fuera de la realidad: hablar de proyecto utópico hoy equivale a tacharlo de ilusión, de sueño irrealizable.

Desde la infancia recibimos mensajes que intentan controlar nuestros sueños (no te hagas ilusiones) y así matan nuestra capacidad de soñar algo bello, algo diferente, algo mejor, de preguntarnos: ¿por qué las cosas no son de otra manera?

La utopía es hoy excluida de todos los campos, el saber hoy es instrumental, finalizado a adecuar la razón a la realidad, lo que termina por favorecer posturas conservadoras. Se le atribuye al filósofo alemán Georg Wilhelm Friedrich Hegel la afirmación: “si los hechos no concuerdan con la teoría, ¡peor para los hechos!”. En otras palabras, aún cuando los hechos demuestren que la teoría es errata, hay quien se niega a modificar el rumbo y considerar nuevas opciones. Las ciencias sociales así como las ciencias económicas parecen basarse hoy exclusivamente en datos y en la razón contable, así como la razón de estado se reduce a la razón de la fuerza del estado. Podemos apreciar cómo hasta las religiones se adaptan al mercado y no ejercen su función utópica y crítica, cuando las religiones deberían ser utópicas.

¿Por qué la utopía sufre este secuestro, esta expulsión de las actividades diarias mundanas? La clave está en su carácter subversivo: la utopía intranquiliza, incomoda por su carácter inconformista, desestabiliza el orden establecido, asusta porque despierta las conciencias.

El tener una conciencia tranquila no es lo mismo que tener una conciencia adormilada. Para una conciencia adormilada, la mente se instala en una visión fija de la realidad y allí se estanca. Toda autoridad y todo autoritarismo trata de controlar y adormilar la esperanza y los sueños de las personas.

Una persona que es capaz de concebir la utopía es todo lo contrario, sueña otro mundo, es capaz de imaginar las cosas de otro modo.

Un buen ejemplo son las actuales leyes de extranjería, que son leyes de fronteras, y los esfuerzos dirigidos a integrar a los que llegan para que acepten nuestra ideología, como forma de moldear a nuestra imagen las conciencias y costumbres de los que vienen. Resultado de esta lectura de la realidad social son frases bastantes comunes como “y si no les gusta, que se vayan”.

¿Por qué se le ha desalojado a la utopía? La utopía es el motor de la historia. Y aunque los proyectos y las ideas utópicas puedan fracasar en un momento determinado, siempre dejan huellas. Por ejemplo, aunque le asesinaran, Martin Luther King no fracasó en su lucha contra la segregación racial, la prueba está hoy en la Casa Blanca, con un presidente negro.

La utopía ha liberado a la humanidad de estancarse y quedarse en la derrota, ya que impide que el fracaso sea el punto final y lo lee como un punto de partida para empezar de nuevo. Los progresos que la humanidad han realizado en cualquier ámbito sea científico, social, político o filosófico, se deben a los utópicos.

Podríamos decir que hay una pugna entre dos razones, la razón de estado y la razón utópica. Tomaso Moro pagó el precio de querer seguir la razón utópica y el sueño de una sociedad liberada del feudalismo y del liberismo que empobrecía al pueblo. El Príncipe de Maquiavelo, por otro lado, describe lo contrario, la razón del poderoso, la razón de estado.

Es importante no caer en la trampa de ver en la globalización la realización de la utopía de un mundo global y sin fronteras. La globalización neo-liberal, la globalización del mercado, es en realidad una construcción ideológica del bienestar para unos pocos, cuando las dos terceras partes de la humanidad vive en la pobreza.

Citando al Doctor en Economía, Filósofo y Teólogo de la liberación, Franz Hinkelammert, quien habla de “pesimismo esperanzado”, Tamayo afirma que cuando la realidad no da más de si, son el movimiento y la lucha los motores del avance y el principio de algo nuevo.

Según Tamayo, utopía no es idealismo, sino una postura desde la que se analiza la realidad, se la cuestiona y se la quiere cambiar.

¿Qué rol tiene la religión en ello? El teólogo ha vivido en carne propia la cara y la cruz de la religión. Por un lado las religiones ofrecen una utopía global y un camino de esperanza en los tres niveles del cosmos, la divinidad y la naturaleza. Proponen la utopía que nos permite vivir con el ‘misterio’ y también con los demás seres humanos, ofrecen un camino de esperanza y señalan metas a las que dirigirse, bien en este mundo bien en el más allá. Podemos decir que la resurrección, la transmigración y la reencarnación no son necesariamente propuestas evasivas, porque ofrecen una nueva oportunidad para hacer justicia y rehabilitar lo que no se pudo realizar en la vida terrenal.

El reverso de esta medalla es la tendencia de la religión a mirar al pasado, a sacralizar la tradición, a repetir gestos del fundador en vez de crear nuevos gestos. Estas tendencias pueden llegar a ser fatalistas (estaba escrito…) y pueden sacrificar la fantasía para someterla a la doctrina.

Las dos patologías más comunes de las religiones, el camino del dogma y la ortodoxia, fomentan comportamientos poco ejemplares que invitan a las personas a alejarse de la religión.

Las éticas por su parte ofrecen principios morales e ideales de conducta que orientan a un mundo más justo, ofrecen modelos para convivir y no sólo coexistir, suele ser críticas con el orden establecido y suelen poner al ser humanos en el centro, como fin y no como instrumento de manipulación y explotación.

Pero aquí también tenemos la cara oscura, con éticas que se instalan en la lógica de la opresión y en contra de la utopía, por ejemplo la ética antropocéntrica que descuida le derecho de la naturaleza; la ética utilitarista e productivista que reduce el valor de la personas al valor de cuánto producen; la ética del mercado; la razón de estado que sofoca los derechos del pueblo; la ética individualista que olvida que el ser humano es un ser social; o la ética espiritualista que olvida la realidad y las necesidades de la vida histórica del ser humano. También existe una ética ‘nostrista’, la del nosotros, que limita el ámbito de actuación a la familia, la comunidad más cercana, el grupo de ocio o la municipalidad y que, al carecer de universalidad, cae en la endogamia mientras que el nosotros de la ética debe ser universal. Y por terminar con los ejemplos, Tamayo cita la ética patriarcal, que consagra y canoniza los valores del varón y excluye de su mirada a más de la mitad del género humano.

Para este teólogo vinculado a la Teología de la Liberación, la ética, la religión, la utopía y los movimientos sociales pueden crear una tetralogía que alimente la utopía en tiempos de crisis, para luchar contra la apatía, el pesimismo, la depresión y la desesperanza. Al terminar su conferencia, nos animó a los asistentes con estas palabras: “les invito a seguir escribiendo nuevos relatos utópicos.” 

Invitación a la utopía 

i La conferencia “Utopías en tiempos de crisis, Lugar de encuentro entre éticas y religiones” del teólogo Juan José Tamayo se celebró el viernes 16 de noviembre de 2012 el el Centro Cultural de la Soka Gakkai en Rivas Vaciamadrid.
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